Sale de casa corriendo.
No sabe si debe llorar o reír, pero
cree que en ese mismo instante está haciendo las dos cosas a la vez.
Tiene ganas de gritar, de chillarle al
mundo que por fin es feliz, que la vida le ha devuelto aquella
moneda, que el karma ha hecho todo su trabajo. Pero no sabe si es
justo sentirse tan feliz, mientras a su alrededor hay tanta gente
sufriendo. No sabe si debe pedir perdón al mundo por sentirse
completamente llena de alegría. Llora de emoción. En casa un
teléfono en la cama, con las dos últimas palabras aún sonando en
él. Te quiero.
Está lloviendo, se moja, pero ahora
eso es indiferente. El agua empapa cada mechón de su pelo,goteando
por sus mejillas. Siente como va penetrando poco a poco entre el
tejido de su ropa, y siente las suaves gotas de agua resbalando por
su piel.
Corre cada vez más deprisa. El corazón
late desbocado, tropieza, y se cae. Se mancha los vaqueros, pero la
da igual. No se para a mirarse, no se para a respirar. Corre. Corre.
Y llega a sus brazos. Con lágrimas en
los ojos y la cara empapada él la abraza. Ella escucha su corazón
veloz, con la cabeza en su pecho. Él le coge la cara entre sus
manos, la mira un solo instante a los ojos, simplemente para
comprobar que todo lo que está sucediendo es verdad. Y la besa.
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