Lo único que he hecho a sido nacer.
¿Soy culpable de eso? Me haces serlo. Me haces pensar que no me lo
merecía, que estabas mejor sin mi. Me demuestras que tu vida era
mejor sin la mía.
¿Tengo que pedir perdón? No. Ya no.
No has sabido quererme como debías, estar a mi lado cuando te
necesitaba y cuando no. No has sabido cuidarme y ayudarme. Pero no
has sabido porque no lo has intentado. No has querido, esa es la
palabra exacta.
Te grito a ti, que nada me has dado. Me
quitaste las alegrías y las hiciste pedazos. Me ensañaste a ser
mayor antes de tiempo, eso es lo único que te agradezco. A estar
atenta aún sin saber lo que eso significaba. Escuchar detrás de las
puertas por si se decía algo que yo no sabía. Pero yo lo sabía
todo. Mucho antes de que tú me confesaras que no me querías, mucho
antes de que demostraras de lo que estás hecho, yo ya sabía toda la
verdad. Sabía que no me querías.
No te voy a consentir que entres ni una
vez más en mi vida. Te saqué de ella entre gritos y puñetazos al
destino, y no dejaré que vuelva a ocurrir. No te necesito. He
aprendido a vivir sin ti, ya que nunca he vivido contigo. Tu
presencia sacaba lo peor de mi, me hacía odiarme por no tener el
valor de decirte cuanto te odio por lo que me hacías pasar.
Me has enseñado a madurar cuando tú
aún no lo has hecho, he aprendido cosas de ti, pero para no
repetirlas, cosas que están rodeadas en mi diario, con una señal de
stop.
¿No te da vergüenza tenga
que decirte todo lo que haces mal? ¿Que sea yo la que te de
lecciones de moral? Pues a mi si me daría vergüenza.
¿Quién estuvo cuando me derrumbé,
cuando caí? ¿Quién estuvo cuando era feliz, cuando poco a poco me
hacía mayor?
Lágrimas y más lágrimas. Era lo que
me hacías derramar. Dolor, sufrimiento, lucha. Lucha por escapar de
ti. De tus miradas de decepción, de tus desprecios, de tu forma de
dar la espalda a los que se suponía que eramos tu familia. Huir de
tus largas noches borracho en las que aprendí a no callarme, como me
decía mamá. Huí de ti. Y no pienso volver a caer en el mismo
error. Nadie como tú entrará en mi vida. No lo voy a permitir.
Vete por donde viniste, no me busques
ni intentes remediar tantos errores. No me llames, sabes que no voy a
estar. Un error tiene perdón, pero una vida entera siendo como tú
no se merece ni la más triste de las miradas. No me mereces, yo
simplemente no soy como tú.
No me conoces, no sabes cual es mi
comida favorita, ni cual me hace vomitar con solo olerla. No sabes
que cosas hago cuando me apetece relajarme, que cosas me gustan. No
sabes lo que estoy estudiando, ni que notas tengo. No sabes el color
de mis ojos, estoy segura, aunque te haya mirado mil y una veces con
esa mirada que solo yo te se poner, tan sincera, en la que te digo
que no me apetece verte, que te largues.
No me has dejado soñar, me has
arrebatado mi infancia, y cada uno de mis deseos. Me has hecho creer
que me merecía lo que sucedía, o que era algo normal. Sólo me has
dicho que me querías cuando estabas borracho, y lo siento, pero por
mucho que digan que los borrachos siempre dicen la verdad yo no te
creí.
Gracias por despreciarme, por cada
grito, cada insulto, cada golpe a la pared. Gracias por todas las
veces que has arriesgado mi vida solucionándolo con un simple
perdón. Gracias por todo lo que me has dado. Sólo así me he podido
dar cuenta de lo bonita que es la vida sin ti. De que los sueños se
cumplen, de que la gente te quiere, sin ningunas segundas intencionesr. Que no te admiro, ni lo haré
nunca. Gracias a ti me he dado cuenta de lo mucho que valgo, y no
porque me lo hayas dicho muchas veces, sino porque veo lo poco que
nos parecemos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario